Cuando una pradera se degrada, tiene un proceso que inicia con bajo vigor de la planta y continua de forma progresiva a estados más avanzados, como lo son la perdida de la cobertura e invasión de maleza.

Álvaro Rincón Castillo, Investigador de Agrosavia, indica que se ha desarrollado una clasificación de los estados de las praderas de Brachiara Decumbens y sus indicadores, que pueden servir como partida para la evaluación de praderas de diversas gramíneas.

Estado cero, sin degradación

Este estado se refiere a las praderas que se encuentran en un buen estado, con una cobertura del suelo superior al 80 por ciento. Baja presencia de especies diferentes a las forrajeras, una disponibilidad de forraje superior a 1300 kg MS/ha; con un contenido de proteína entre 8 y 10 por ciento.

Estado 1

Se evidencia una disponibilidad aceptable de forraje, pero la cobertura del pasto se comienza a reducir entre 70 y 80 por ciento; y la presencia de maleza aumenta hasta un 25 por ciento. En algunas localidades, el suelo descubierto puede estar en un rango de 10 a 20 por ciento.

Estado 2:

La productividad y calidad del forraje se ve reducido cerca del 50 por ciento respecto al estado 1 y la cobertura del pasto puede estar en 50%, mientras que otras especies pueden ocupar el otro 50. El suelo descubierto puede llegar a un 30%.

Estado 3

Las praderas se encuentran en estado avanzado de degradación, porque la disponibilidad de forraje no alcanza a los 500 kg MS/ha, en tanto que el dominio de las malezas es mayor de 50 %. La calidad nutritiva en términos de proteína cruda es menor de 5 %.

El investigador señaló que una pradera puede presentar alta producción de biomasa, pero el contenido de proteína puede ser bajo. La solución a esto será la aplicación de un fertilizante nitrogenado.

Del mismo modo, cuando se presenta una buena población del pasto, una mayor altura puede representar mayor disponibilidad de forraje; sin embargo, esto no es cierto cuando la población o cobertura del pasto es baja.

Si el proceso de degradación no es demasiado avanzado, se pueden aplicar prácticas para recuperar su capacidad productiva, pero cuando es severo la opción más viable en términos económicos y de eficacia es la preparación del terreno y es establecimiento de nuevos pastos.

Con esta renovación de praderas lo que se busca es mejorar las condiciones físicas y químicas del suelo. El objetivo final debe ser el de disponer de un ambiente favorable para el crecimiento y desarrollo vigoroso de las especies forrajeras y reducir la incidencia de maleza.

En caso de decidir establecer el nuevo forraje, lo cual implica el cambio de vegetación y asumir altos costos y riesgos, es necesario conocer datos básicos como las condiciones climáticas del área de influencia de la finca, el relieve, las características físico-químicas y biológicas del suelo, la maquinaria disponible y las plagas, enfermedades y plantas nocivas más frecuentes.

Con esta información se puede realizar un plan apropiado de manejo a partir de los requerimientos del forraje, como lo son las labores de labranza, las enmiendas y fertilización, la siembra, el control sanitario y el primer uso de la pradera.

Sin embargo, es importante considerar que el suelo debe brindar condiciones físicas, químicas y biológicas óptimas para el desarrollo del sistema radicular de las plantas y el transporte de los nutrientes, por ende, las operaciones de mecanización son indispensables en el proceso de renovación de praderas, dependiendo del grado de compactación del suelo, del tipo de pradera a renovar y de su estado productivo.

Efectos de la degradación de praderas

Álvaro Rincón Castillo, PhD en Ciencias Agropecuarias y Fisiología de la Universidad Nacional, describió en el artículo Degradación de praderas y estrategias para su recuperación” la relación entre la degradación de la pradera y los componentes del sistema.

La baja fertilidad y compactación de los suelos por el pisoteo del animal trae como consecuencia una baja productividad de forraje, que por ser la principal fuente de alimentación de los bovinos afecta su productividad.

Al presentarse déficit de minerales en el suelo por baja fertilidad natural y falta de fertilización en el establecimiento y mantenimiento de praderas, la disponibilidad y calidad del forraje se reduce, provocando sobrepastoreo y pérdidas en ganancias de peso o producción de leche.

La pérdida de cobertura ocasionada por la desaparición de las plantas de pasto contribuye a la compactación de los suelos por pisoteo y/o invasión de malezas, así como también la baja fertilidad de los suelos contribuye la extracción de minerales que hace el animal.

Compactación de los suelos

El efecto del pisoteo del animal en la compactación del suelo es otra causa importante en la disminución de la productividad de la pradera. La compactación es el producto de la pérdida de los espacios porosos en el suelo debido a una fuerte presión externa.

Estos espacios son los lugares donde se almacena aire y agua, pero si se reducen o eliminan, el suelo pierde la propiedad de brindar condiciones óptimas para el desarrollo radical de las plantas.

Aumento de la población de especies vegetales indeseables

Las malezas en praderas establecidas compiten con las especies forrajeras por espacio, luz, agua y nutrientes. Además, pueden causar intoxicación a los animales o daños físicos si se trata de plantas tóxicas que son ingeridas por animales en cantidades apreciables.

Estas producen alteraciones en su metabolismo, abortos, hipotiroidismo, fotosensibilización, alteraciones neuromusculares e incluso la muerte. Hay algunas que transmiten malos olores a la leche y otras que producen en los animales deficiencia de tiamina.

Baja disponibilidad de forraje para pastoreo

Durante la época de lluvias, la disponibilidad de forraje en algunas praderas degradadas se reduce aún más en la época seca, disminuyendo en más de 50 % el forraje necesario para el consumo de bovinos, como lo reveló un estudio en el piedemonte llanero de Colombia.

Disminución en la calidad nutritiva del forraje

Otro factor que influye en la baja productividad de animales que pastorean praderas degradadas es la baja calidad nutritiva de estas.

Reducción en producción de carne y/o leche

La baja producción de forraje, la invasión de malezas de los potreros y la baja calidad nutritiva de los pastos inciden directamente en la producción animal. El pastoreo en praderas de gramíneas introducidas o en asociación gramínea-leguminosa debe estar de acuerdo con la disponibilidad del forraje y con la proporción de los componentes de la asociación.

El experto sostuvo que se presenta deterioro de las praderas por sobrepastoreo al utilizar cargas muy altas o por falta de un descanso de la pradera que permita la producción suficiente del nuevo material vegetal.

A medida que se incrementa la frecuencia e intensidad de defoliación, la acumulación de materia seca se reduce debido a una disminución en la intercepción de la luz por las hojas encargadas del proceso de la fotosíntesis, agotamiento de los nutrientes de reserva o baja absorción de nutrientes y agua.

De este modo, los animales no reciben los nutrientes necesarios para mantener sus producciones, como se puede apreciar en estudios adelantados con B. decumbens en la Orinoquía, donde el ganado presentó caídas entre 200 y 300 g/animal al año o se han dejado de producir entre 1200 a 1400 l/ha por lactancia.