Su planteamiento es que una ganadería ecológica puede recuperar terrenos degradados.

Los suelos a nivel mundial se están deteriorando rápidamente debido a la erosión, el agotamiento de los nutrientes, la pérdida de carbono orgánico, la compactación y otras amenazas. Según la Organización de Naciones Unidas, ONU, la erosión destruye cada año de 25 a 40.000 millones/ton de la capa arable.

Esta situación puede mejorar con la implementación de modelos alternativos de ganadería regenerativa, que mejoran la funcionalidad y estructura de los ecosistemas, y, por lo tanto, se incrementa la capacidad de resiliencia del territorio, mediante la oferta de servicios eco sistémicos que fortalecen la economía y el bienestar humano.

Según Diego Arciniegas Díaz, gerente de la empresa ganadera Tierra Buena, la ganadería regenerativa acoge los mismos principios de la actividad pecuaria, enfocarse en la conservación del medio ambiente. El objetivo principal es renovar los ecosistemas que se han dañado por la mano del ser humano, de ahí el nombre de ganadería regenerativa.

Sus ventajas frente a la ganadería convencional son notorias, permite mayor carga animal por unidad de área, vegetación y fauna diversa, menos costos de insumos externos, y periodos de descanso del suelo más prolongados.

Así mismo, menor ocupación de los potreros en unidad de tiempo, incremento del aporte natural de mejoradores de suelo representados en orina y estiércol, mayores ingresos para los productores, carne y leche más sana y menos utilización de agroquímicos entre otros.

Igualmente, este modelo de gestión ganadera sostenible, mejora la productividad de la explotación, y al mismo tiempo permite la restauración de ecosistemas a través de la rehabilitación y conservación de suelos. Permite que los animales puedan tener una oferta alimentaria diversa permanente en cualquier época del año, con control biológico natural, favoreciendo la oferta biológica del suelo, la captura de carbono y disminuyendo las emisiones de gases de efecto invernadero.

Se plantea que el ganado pastoree como lo haría naturalmente, en grupos pequeños y en ciclos de tiempo controlados, para evitar el sobrepastoreo y la erosión del suelo. Esto ayuda a la recuperación y consolidación de los suelos, aumentando su biodiversidad y al mismo tiempo, mejora el rendimiento.

Por otra parte, la fertilización debe provenir de la descomposición de los desechos orgánicos que realiza la fauna microbiana del suelo. De igual forma, se privilegia el uso apropiado de los recursos, en especial del agua. Esto se hace no solo racionando el gasto líquido, sino evitando que las fuentes y destinos de agua se contaminen con medicamentos u otras sustancias.

Tomado de: Contexto ganadero
Editado por: Croper.com