La cojera es un problema del ganado vacuno lechero en todo el mundo, múltiples estudios de países desarrollado con una industria láctea desarrollada sugieren que alrededor de un cuarto de las vacas lecheras pueden presentar cojeras en algún momento.

Estás afectaciones además de las implicaciones obvias para el bienestar, se ha mostrado que reducen la producción de leche y el rendimiento de ganado. Anteriormente estas afectaciones eran consideradas como algo secundario, ya que eran muy pocos los animales que se veían afectados.

La mayoría de los casos de cojera en el ganado se originan en el pie y pueden dividirse en dos grupos: enfermedades infecciosas y enfermedades en la pezuña. Las enfermedades infecciosas generalmente afectan a las estructuras blandas del pie y en la pezuña son más la enfermedad de la línea blanca y la ulcera de suela.

Estas afectaciones en la pezuña, suelen ser más crónicos y graves que las enfermedades infecciosas, por lo que provocan mayores pérdidas económicas. La lesión de la pezuña es una afectación del crecimiento normal del casco como resultados de la presión en el corion.

Las cojeras influyen en gran medida en los parámetros productivos de las vacas lecheras, por un lado, producen alteraciones en la locomoción de los animales y por otro, llevan asociados factores de estrés. Uno de los primeros síntomas que detecta el ganadero es la disminución de la producción láctea, disminución que se aprecia en muchos casos antes de la aparición de la propia cojera.

Algunas de las repercusiones en la producción causadas por los problemas pódales son perdida de la condición corporal, infertilidad, acortamiento de la vida útil y mamitis y metritis.

Esta patología está, sin incluir los accidentes, relacionada con la fase de lactancia, ya que se producen entre dos y tres meses después del parto en el momento en que la producción láctea alcanza el máximo, lo que conlleva una mayor repercusión productiva.

Cuanto más severa sea la cojera, las pérdidas serán mayores, una vaca que esté coja en el tercer mes de gestación por un tiempo superior a los 15 días, supondrá unas pérdidas del 20% de la lactación del animal.

En general se considera que las pérdidas en producción láctea que tienen como origen las afecciones pódales, oscilan entre un 5% y un 20% lo que traducido en lts de leche suponen en una vaca de 300 a 1200 lts según la misma.

En explotaciones de carne la incidencia de las cojeras es mucho menor, debido entre a otras cosas al distinto manejo y sistemas, pero en estabulaciones las cifras oscilan entre el 25% en terneros y un 40% en animales adultos.

Además de la imposibilidad para ganar peso, hay que agregar los traumatismos como ulceras y erosiones en la zona de apoyo corporal, que provienen de los decúbitos casi permanentes de los animales afectados.

Alimentación.

La alimentación juega un papel decisivo, debido a la incapacidad del corion para producir una pezuña de calidad.

Los cambios bruscos en la alimentación, la baja calidad de los ensilados y la poca fibra en la ración conducirá a una menor salivación y por consiguiente a una reducción del efecto tampón que tiene la saliva en el rumen por lo que el riesgo de acidosis será mayor.

El casco de la pezuña necesita unas materias primas para su producción:

* Minerales: Ca, Cu, Zn, S, Se.

* Aminoácidos: Metionina, Cisteina.

* Vitaminas: A, E, Biotina.

Al faltar alguno de estos elementos la uña que se forme será más blanda y menor resistente, mucho más fácil para dañarse y producir una cojera. Este problema se soluciona con la aportación de correctores a las vacas en producción, nunca se debe de dar corrector a las vacas secas, excepto que sea específico para ellas.

Pastoreo.

En un principio disminuye el riesgo de la aparición de las cojeras, ya que el ejercicio favorece la bomba de retorno venoso que asegura que la irrigación de la pezuña sea buena y por consiguiente los nutrientes necesarios para la formación del casco.

Las praderas también tienen una menor carga bacteriana, los inconvenientes suelen estar en los accesos a las mismas (piedras, etc.) y zonas húmedas.