La labranza es una secuencia de actividades que, con el paso de tiempo, debe conducir a la formación de suelos óptimos, con el fin de permitir que las raíces puedan explorar mayor volumen de este y absorber todos los nutrientes disponibles.

Se realiza para corregir cualquier defecto fisicoquímico que tiene el suelo y controlar los procesos degradativos, de manera que la planta pueda expresar todo su potencial genético.

El tipo que uses dependerá directamente del objetivo que quieras cumplir y el tipo de terreno que manejas.

Labranza tradicional

Implica el uso intensivo de implementos de disco como rastras, rastrillos y pulidores que buscan remover la superficie del suelo. El número de pases oscila entre 4 a 8 veces, lo que puede ocasionar perdidas de suelo anuales de 10t/ha, compactación y degradación de los suelos

Labranza de conservación

En este sistema de labranza al menos el 30% de la superficie del suelo debe quedar cubierta de residuos de plantas después de la siembra, con el fin de controlar la erosión.

Involucra la labranza reducida y la siembra directa, con los cuales se pretende transformar el modelo convencional en sistemas sostenibles que utilicen la capacidad de producción del suelo a través del uso racional de insumos.

Algunos aspectos fundamentales para los sistemas de labranza de conservación son la operación de maquinaria especializada, rotación de cultivos, uso de coberturas o rastrojos y manejo integrado de plagas y maleza.

Labranza mínima

Este tipo de labranza se basa en reducir las labores de preparación del suelo para la siembra de un cultivo o pastura.

Este tipo de correctivo involucra el uso de implementos para una labranza vertical, que incorpora parte de los residuos del cultivo anterior, dejando al menos un 30 por ciento en la parte superficial.

En este sistema de preparación, entre uno y tres labores son adecuadas para preparar el suelo, mientras que los implementos más usados son los arados de cincel rígido, los cinceles vibratorios y las combinaciones de estos con un pase de implementos de disco.

Los cinceles rígidos son utilizados para corregir la compactación encontrada a profundidades mayores a 25 centímetros. Reemplazando el efecto de los arados de disco. Para compactación más superficiales, es decir en los primeros 20 centímetros, se recomienda el uso de cinceles vibratorios que reemplaza la acción de rastras.

Con esta labor se alcanzan condiciones adecuadas para el desarrollo de raíces a mayor profundidad, además mejora el drenaje en suelos que tienen problemas de encharcamiento ocasionando desarrollos deficientes o desaparición de los pastos cultivados

Después de la labranza vertical debe hacerse un pase de rastra para uniformizar el terreno y destruir terrones grandes y, por último, hacer un pase de pulidor, para dejar el suelo en condiciones adecuadas para la siembra.

Labranza cero o siembra directa

Se define como un sistema de producción que involucra la rotación de cultivos, el uso de coberturas y/o abonos verdes y la no labranza del suelo.

Permite la siembra del cultivo sin ninguna labor de preparación, pero requiere suelos sin limitantes físicos, químicos y biológicos, además de una sembradora especializada.

Esta consta de un cincel que rotura y afloja el suelo en la línea de siembra, una segunda sección que distribuye y coloca la semilla en la profundidad deseada y una última que ubica el abono en las cantidades requeridas.

Posteriormente se efectúa la tapada con un conjunto de llantas tapadoras, que pretende mejorar el contacto de la semilla con el suelo.

Existen varios tipos de sembradoras:

1. De surco, para el caso de maíz, sorgo, soya

2. De densos, utilizadas para arroz, pastos

3. Mixtas, que combinan simultáneamente la siembra de cultivos de surcos y denso, como en el caso de los sistemas arroz-pastos y maíz-pastos.

Este sistema de labranza inicia con el manejo de las coberturas o los rastrojos, mediante el uso de un implemento de corte o la aplicación de desecantes de contacto o sistémicos.

Otro factor por considerar son las propiedades estructurales del suelo como densidad aparente y el espacio poroso, indicadores importantes al momento de decidir la preparación del suelo, pues las labores de preparación deben conducir a la recuperación de estas propiedades.

Esto debido a que los suelos que han sido sobrepastoreados o sometidos a laboreo intenso sufren un proceso de compactación, principalmente en las capas superiores, presentando una disminución en el tamaño de los poros que hacen deficiente la aireación y movimiento del agua en el suelo.

Fuente: Agronet.com
Editado por: Croper