El consumo de hortalizas en el mundo ha incrementado considerablemente durante los últimos años, debido a la tendencia de alimentación balanceada que se promueve a nivel mundial, con el fin de impactar positivamente la salud y la calidad de vida de las personas. Las frutas y los vegetales son fundamentales para tal fin, debido a su aporte de vitaminas, minerales, fibra y otros compuestos, como por ejemplo los antioxidantes, que son de gran importancia para un adecuado metabolismo y para la prevención de enfermedades.

Este aumento en la demanda de las frutas y las hortalizas ha incentivado mejoras desde el punto de vista genético y comercial; ya que día a día se crean cultivares con mayor producción, mayor resistencia a problemas fitosanitarios y mejores características organolépticas, entre muchas otras variables; ofreciendo al productor y al consumidor un abanico inmenso de posibilidades para su negocio y/o su consumo respectivamente. Este continuo mejoramiento ha hecho que los parámetros de calidad de las frutas y de las hortalizas sean cada vez más altos y en la actualidad involucra todo un concepto ecológico y de inocuidad del producto.

Con el fin de suplir esta demanda de cantidad y calidad de producto, los sistemas de producción, los productores y los comercializadores, han tenido que evolucionar con ayuda de la tecnología, haciendo más eficientes todos sus procesos y mostrando ventajas competitivas con el fin de tener una mayor participación en el mercado.

Una de las hortalizas más consumidas y por lo tanto una de las más estudiadas a nivel mundial es el tomate; el departamento de agricultura de los Estados Unidos (USDA), estimó para el año 2017 un consumo global per cápita de 25,4 gramos por día en tomate fresco y 91,2 g/día en tomate procesado. Además de su sabor característico, amplio uso en la cocina y alta popularidad, el tomate es fuente de vitamina A, vitamina C, vitamina B12, licopeno, luteína y potasio, entre otros.

En países como Holanda y EEUU, en donde la implementación de tecnología es alta, el rendimiento, la calidad y la inocuidad del producto son realmente excepcionales. Para poner un ejemplo, la producción de tomate en estos países oscila entre 80 a 100 kg/m2 por año; en algunos países de Centroamérica con niveles intermedios de tecnología, los rendimientos se encuentran entre 60 a 80 kg/m2 mientras que en el caso de Colombia, que cuenta con un nivel bajo de implementación de tecnología, el rango de producción está alrededor de 10 a 16 kg/m2 por año. En este punto es importante aclarar que el sistema de producción de tomate en “alta tecnología” se realiza generalmente en hidroponía, e implica la automatización del manejo del clima dentro del invernadero, control del fertirriego, aporte de CO2, calefacción, iluminación complementaria mediante luces LED, control biológico, e implementación de un sistema integrado de cosecha y poscosecha.

“…el 50% del éxito del cultivo se debe a la semilla y el otro 50% restante al ambiente en el cual ésta se desarrolla.”

Sáenz Fety como líder en la innovación de la horticultura en Colombia, durante varios años ha realizado la introducción comercial de nuevos y mejorados cultivares de hortalizas, con el fin de brindar al productor, al consumidor y al comercializador, alternativas que se desempeñen de forma idónea en el campo agronómico y comercial. Éste desarrollo de nuevos productos ha incluido el uso de la tecnología y la evolución del sistema productivo; ya que el 50% del éxito del cultivo se debe a la semilla y el otro 50% restante al ambiente en el cual ésta se desarrolla. Por tales motivos, la compañía después de varios años de investigación, ha tomado elementos del sistema de producción holandés y ha estandarizado el manejo del cultivo del tomate, con el fin de sacar el máximo provecho a la genética que comercializa en Colombia. En el presente artículo se mencionarán algunos principios básicos del funcionamiento del invernadero de más alta tecnología en producción de tomate en nuestro país.

El invernadero tiene un área de 5.000 m2 y está ubicado en el Centro de Innovación y Desarrollo – CID, de Sáenz Fety; localizado en Funza – Cundinamarca, a una altitud de 2.550 m s.n.m., con una temperatura media de 14°C y una precipitación promedio anual de 800 mm. Tiene una altura única de 8.5 m, cortinas laterales de 4 m y cenitales de 1,4 m; lo cual permite un adecuado flujo de aire, mejora la ventilación y hace más uniforme la temperatura en todas sus zonas. Está cubierto con plástico de calibre 6, de difusión media, alta transmitancia y alta termicidad, lo que aumenta la probabilidad de aprovechar la energía térmica y lumínica dentro de la estructura. Para disminuir la entrada de insectos, las cortinas laterales y las cenitales están cubiertas con malla de polietileno de 50 mesh y para desorientar a los insectos plaga que a pesar del blindaje puedan ingresar, la cubierta plástica cuenta con un filtro que realiza un bloqueo parcial de luz UV.

En su interior, el invernadero tiene seis módulos independientes, con sensores de temperatura y humedad que brindan información real del clima; el suelo tiene una cobertura plástica blanca que ayuda a reflejar la radiación y cada módulo cuenta con un sistema de canaletas, en donde se sitúa el sustrato (fibra de coco) y mediante el cual se colecta el drenaje del fertirriego. Cada planta crece en un volumen de 5 litros de fibra de coco y tiene asociado un gotero autocompensado, que garantiza una alta uniformidad de riego, brindando el mismo volumen de solución nutritiva a todas las plantas en cada pulso activado.

El uso de fibra de coco Power 50 como sustrato hidropónico para el crecimiento de las raíces, brinda un excelente balance entre la retención de humedad y la disponibilidad de oxígeno (25% de aireación), y gracias a la estabilidad de sus características físico-químicas, permite guiar las plantas hacia el balance de crecimiento deseado, ya sea generativo o vegetativo. En un sistema hidropónico cerrado se puede realizar la recirculación de la solución nutritiva, lo cual permite ahorrar hasta un 40% de agua y de fertilizante. No obstante, para tal fin se requiere de un sistema de desinfección y de monitoreo de volumen de drenaje, conductividad eléctrica (CE) y pH, que garantice que los parámetros químicos y biológicos se encuentren dentro de lo deseado.

El control automatizado de las cortinas, de la pantalla térmica y del fertirriego se realiza mediante el sistema holandés Maximizer de Priva®, el cual toma la información de la estación meteorológica del campo abierto (temperatura, humedad, radiación, precipitación, velocidad y dirección del viento) y de las cajas climáticas dentro del invernadero y las integra con los parámetros establecidos previamente por el ingeniero agrónomo; brindando a las plantas condiciones climáticas óptimas para su crecimiento y desarrollo. El clima dentro del invernadero es el resultado de la interacción de las condiciones de temperatura, humedad y el crecimiento y desarrollo de las plantas. En otras palabras, el clima dentro del invernadero es “fabricado” por las plantas, es dinámico y como tal, debe ajustarse con la frecuencia que sea necesaria.

Uno de los factores más determinantes es la radiación solar, puesto que brinda la energía necesaria para realizar la asimilación del CO2 mediante la fotosíntesis y constituye la principal fuente de calor, lo cual regula en gran medida los procesos fisiológicos de las plantas; por tales motivos, la estrategia de riego en el invernadero está condicionada primordialmente a la cantidad de energía necesaria (Joules/cm2) para transpirar un volumen conocido de agua, en donde, el índice de área foliar (IAF) juega un papel fundamental, ya que la producción de materia seca está directamente relacionada con la cantidad de radiación interceptada. Fue así como se determinó que en el caso del tomate chonto Gem604 F1, la densidad de plantación ideal para aprovechar al máximo el recurso energético es de 2,3 plantas por metro cuadrado en el sistema de producción mencionado.

Dependiendo de la etapa fenológica del cultivo y de la acumulación de la radiación solar, se realizan los ajustes para la automatización del fertirriego, por lo que el volumen (ml/planta), la frecuencia, la CE (dS/m) y el pH de la solución nutritiva se suministra a cada planta en el momento preciso del día en el que lo requiere, haciendo un uso eficiente de agua y de fertilizantes; ya que solo se activa el riego si hay transpiración. La tasa de transpiración también se puede afectar por la humedad, la temperatura y la velocidad del viento; por lo cual el manejo de la ventilación es crucial para mantener a las plantas activas. El software permite parametrizar y asignar ciertos niveles de prioridad a estas variables y de acuerdo a su interacción con el periodo del día establecido, ejecuta la apertura o cierre de cortinas, cenitales y pantalla térmica, de forma autónoma.

Como resultado del adecuado manejo del clima dentro del invernadero y de un óptimo suministro de agua y de nutrientes, las plantas tienen un excelente desempeño agronómico, la presión de plagas y enfermedades es mínima, los rendimientos son altos y la calidad organoléptica de los frutos es mucho mejor. En el CID, con la implementación de la tecnología mencionada anteriormente se han alcanzado producciones de 45 kg de tomate chonto Gem604 F1 por metro cuadrado, por año, triplicando la producción promedio nacional; además obteniendo un 85% de calidad tipo extra y un 12% de calidad tipo primera, sin residuos de productos químicos; lo que indudablemente es un avance muy significativo para la horticultura en Colombia y abre las posibilidades de exportación de esta hortaliza al cumplir los parámetros exigidos por el mercado internacional. En las condiciones climáticas del CID, el siguiente paso es la implementación de calefacción y el uso de abejorros para la polinización; lo cual podría incrementar la producción entre un 25% a un 30%.

Cada año el CID recibe más de 1.000 visitantes que tienen la oportunidad de realizar un recorrido guiado por personal capacitado, en donde se profundiza sobre el manejo de los cultivos y se puede apreciar innovaciones en tipologías de tomate, pimentón, pepino y otras hortalizas de interés en varios sistemas de producción.

En conclusión, el uso de semilla de alta calidad, el conocimiento de la fisiología de las plantas, la implementación de tecnología y la capacitación del personal técnico y operativo ha sido un modelo productivo exitoso, por lo que debería hacerse masivo no solo en tomate, sino en otros productos estratégicos para el sector agropecuario del país.


Por: Hernán Javier Monroy López
I.A. Director técnico de hortalizas. Sáenz Fety.
hmonroy@saenzfety.com