Hace un siglo que el ser humano aprendió a fabricar fertilizantes inorgánicos de forma masiva. Como consecuencia, la agricultura aumentó enormemente sus rendimientos, pero hoy, la dependencia a ese insumo amenaza la seguridad alimentaria de todo el planeta.

En un escenario de precios desbocados, el Banco Mundial prevé una reducción en el uso de estas sustancias, lo que significa menos toneladas de trigo, maíz o arroz, particularmente para las economías en desarrollo.

Todos los fertilizantes a base de nitrógeno, los más usados a nivel mundial, utilizan gas natural o carbón como insumo clave. En consecuencia, el encarecimiento de la energía en 2021 disparó el precio de los abonos.

En ese mismo año, la Unión Europea y Estados Unidos impusieron sanciones a Bielorrusia, uno de los principales exportadores de esta mercancía. China, otro gigante del sector, ordenó la suspensión de ventas de urea y fosfato hasta junio de 2022 con el objetivo de preservar suministros y garantizar la producción nacional.

La guerra ha dado el último empujón. Rusia, el primer productor de fertilizantes en el mundo, ha cerrado el grifo al menos temporalmente, lo que está provocando una mayor escasez en el mercado.

El Banco Mundial estima que el precio de los fertilizantes aumentará un 70% en este año respecto a 2021, con opción a subir más en caso de que el coste de la energía tampoco retroceda. John Baffes, economista agrícola del organismo, explica que hasta ahora no se perciben reducciones en el uso de este insumo, al menos en las economías desarrolladas. El motivo es que las expectativas de precios altos en los cereales y aceites comestibles lo hacen rentable.

Basura de rellenos sanitarios suplirían 50% de los abonos

La economía circular, es un modelo que cada vez toma más fuerza entre las empresas. La sostenibilidad y generar un valor agregado se ha convertido en tema central a la hora de consumir productos y servicios. Jorge Eliécer Luna, CEO de Eko Bojacá, en entrevista con Portafolio contó los pormenores del negocio agricultor y los retos en el mercado actual.

Nosotros utilizamos esos residuos orgánicos con la carga microbial tan valiosa que ellos tienen y producimos abonos orgánicos de alta calidad, con lo que recuperamos las capas de los suelos, permitiendo que haya una mejor captura de gases efecto invernadero, disminuyendo así los costos de la producción agrícola y mejorando la calidad de los alimentos.

En promedio, el 60% de los residuos son de carácter orgánico y hoy lamentablemente se desperdician.

¿Cómo está percibiendo la situación actual y qué medidas está tomando?

Vemos una gran oportunidad para el medio ambiente, los agricultores y la comunidad en general, para que tomen conciencia y se responsabilicen de manera individual de sus propios residuos. Consideramos que es muy importante incrementar de manera exponencial el uso de los residuos orgánicos, para la producción de abonos. Habría un trabajo muy grande por hacer para la recuperación de los suelos.

Es importante que los actores tomen conciencia de cuáles son las dosis y cantidades que el suelo puede recibir, los suelos también necesitan descansar, manejar el estrés y fortalecer su sistema inmunológico para enfrentar las plagas.

¿Considera que Colombia debe ampliar su matriz de proveeduría?

Hoy en Colombia se están desperdiciando materias primas de muchas formas. Las materias primas que están llegando a los rellenos sanitarios, puede cubrir casi el 50% de la demanda de abonos orgánicos o de abonos en general, que se requieren para recuperar los suelos o para cubrir la ‘escasez’ de los insumos agrícolas, donde, realmente esta insuficiencia se deriva de insumos químicos.

Si Colombia aprovechara esa materia orgánica que hoy está llegando a los rellenos sanitarios, tendría una solución equivalente al 50% de ese material que hoy se está importando.

Fuente: Portafolio y Agronegocio